
Infidelidad.
Esa palabra tan intrincada y tan incomprendida.
De más esta decir que es un concepto puramente personal.
Cada cual lo define a su manera.
Entonces definí mi propio concepto de él, mis queridos libertinos.
Una infidelidad, para mí, es el acto de mentir. Mentir a nivel relación. Mentir en un nivel más íntimo.
Además, hay que saber separar dos cosas:
-La primera son las personas con las cuales uno solo tiene una relación leve y superficial con otro y en esa relación no hay nada más que sexo o algún derivado.
-La segunda, es la persona que uno ama. La persona con la cual uno quiere tener una relación larga y duradera.
Ahora, ¿Es justo que destruyamos esa relación tan larga y fuerte por un desliz? ¿Por algo que tal vez tu pareja no puede complacer? ¿Por una necesidad?
No lo creo.
Un compromiso de este tipo va más allá de lo carnal. Es una compenetración mental de dos individuos que se aman.
¿Vamos a castigar a nuestra pareja por querer satisfacer algún que otra fantasía, que, tal vez, con nosotros no puede?
Eso no es infidelidad.
Eso ocurre cuando las cosas se ocultan, no permitiendo a tu pareja tratar de satisfacerte o experimentar juntos.
Eso sí es infidelidad. Por que la otra persona te miente. Te engaña.
Lo importante en una relación es la sinceridad del uno con el otro. Así se construyen y fortalecen sus vínculos. Y amabas partes tienen posibilidad de elección.
Y el diálogo, que es la manera más efectiva, práctica y directa de tratar los conflictos a nivel pareja.
Pero no se callen, hijos míos.
Griten, hablen, experimenten, tanteen, toquen.
Pero siempre con responsabilidad.
viernes 28 de diciembre de 2007
Filosofando con Fox, parte VIII
Etiquetas:
Infidelidad
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